No se confundan, no todos/as son empresarios/as

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Es de todos conocido las aventuras y desventuras judiciales en estos días del que fuera presidente de la CEOE (La Confederación de Organizaciones Empresariales es una entidad privada sin ánimo de lucro, cuyo fin primordial es la defensa y representación de los intereses empresariales ante los poderes públicos y la sociedad en general) , o dicho de otra manera, las responsabilidades penales a las que se enfrenta quien fuera modelo, escaparate y representante de los empresarios españoles. No es sorprendente que el personaje en cuestión, se halle inmerso en mil y una imputaciones legales por ciertos “despistes financieros” y por prácticas inadecuada, así como consecuencia de lo que presuntamente ha realizado,  se desplieguen miles de acusaciones, comentarios jocosos y malintencionado, e incluso crueles, contra su persona y actuación; sin embargo si me parecen de interés observar como estas imputaciones y posibles malas prácticas salpican a toda la clase empresarial de forma directa o indirecta, generalizándose y creando etiquetas que no se corresponden con el verdadero empresario/a .

La empresa es la unidad por excelencia de creación de riqueza. Es por esto, creo que toda la sociedad debe mimar, cuidar y potenciar su imagen, así como establecer un código de buenas prácticas empresariales y fijar criterios serios y objetivos para el seguimiento del cumplimiento de este por parte del total del tejido empresarial. Un país con una estructura empresarial débil, inadecuada, “abusona” o en definitiva poco competitiva, es un país pobre, muy pobre, pero sobre todas las cosas un país sin futuro. En este sentido sí me gustaría que los propios empresarios y sus representantes, como cabezas visibles de esta unidad generadora de riqueza, que es la empresa (otras cabezas visibles son sus trabajadores, sus accionistas, sus clientes), cuidaran su propia imagen, la de la empresas que representan y excluyeran del tejido empresarial toda aquella figura que no fomentara una empresa competitiva. Ya escribí allá por el año 92 (es cierto  ha llovido mucho, pero desgraciamente el tema sigue estando vigente), que existía una diferencia clara entre el negociante y el empresario, tras todo ese año se ha avanzado poco en distanciamiento entre ambas figuras, siguen existiendo demasiados negociantes (en el sentido peyorativo de la palabra) contra los que el sistema no pone excesivos limites y se castiga, prejuzga y “mortifica” al verdadero empresario. Son por la tanto, los propios empresarios quienes deberían tener más interés, en ejercer un control sobre la actividad que generan otros/as de intenciones dudosas, pues sin duda los comportamientos de estos, van en detrimento de la imagen de la clase empresarial  y  menoscaban el respeto de la comunidad ante estos agentes prioritarios en la sociedad, el empresario/a.

Para mí, la sociedad debe brindar su total apoyo a la clase empresarial, a los emprendedores, a los que generan riqueza y la reparten de forma acorde con las leyes. El No creo que exista, según mi forma de clasificar al empresariado,  el buen empresario o mal empresario (el éxito en la cuenta de resultados, o los beneficios económicos obtenidos por la empresa son criterios absolutamente incapaces e insuficientes para identificar al empresario, en todo caso, identificara su capacidad para genera dinero) para mí solo existe el empresario y el negociante (que lo defino como la vertiente oscura, inadecuada, perversa y poco competitiva del que o la que posee una empresa, pero que no se le puede catalogar de empresario, seguro que conocen muchos casos desgraciamente). Es fácil diferenciar en la práctica ambas figuras, le expongo algunas premisas, siempre bajo mi criterio, que le permitirán separar ambos tipos de personas:

–          El empresario baraja el concepto de empresa de manera global, como organización que explota oportunidades de negocios, con vocación de servicio final a la sociedad

–          El empresario posee un claro compromiso con la organización, de tal forma que sabe que esta posee personalidad propia

–          De igual forma sabe que las empresas están al servicio de las sociedad y su misión sea en el sector que sea, debe aportar valor a su comunidad

–          La forma de dirigir y gestionar una empresa del empresario posee claras diferencias con el negociante, ya que el primero sabe que sin una gestión de empleados adecuadas, sin satisfacer al cliente y sin atender las necesidades de sus accionistas (no solo en dinero), y que todo ello revierta en la comunidad de manera positiva, es una mala gestión de la empresa. El negociante no va mucho más allá del dinero ganado

–          El empresario habla de costes, el negociante de gastos, de manera habitual. El empresario busca la eficiencia, el negociante el margen exclusivamente

–          La perspectiva del empresario para la empresa posee distintos planos, corto, medio y largo. El negociante no pasa del aquí y ahora, el mañana no existe

–          El compromiso ético del empresario es una realidad

–          El empresario no explota a sus trabajadores, no engaña a sus proveedores, ni clientes, es capaz de vivir su sueño repartiendo la riqueza de manera adecuada. Las reglas están para cumplirse, saltándose no existe el éxito

–          El juego empresarial para el autentico empresario sabe que consiste en ganar día a día  competitividad, no en coger atajos de dudosa reputación, para alcanzar unos objetivos pobres como puede ser los datos numéricos del dinero

–          El empresario no solo piensa en su beneficio, sabe que esos “beneficios” o llegan a todos los colectivos que dan vida y competitividad a la empresa, o los días de la empresa están contados

–          El empresario mejora, se prepara cada día para potenciar su empresa, el negociante no le preocupa estos términos

–          El empresario cuando hace peticiones las hace para la empresa, el negociante las hace para beneficio propio

–          Conozco pocos empresarios que no sean buenas gentes, pues se gestiona como se es, no se puede escapar en la gestión diaria de sus principios y valores

–          El empresario tiene un sentido grupal, colectivo de la organización y sus intereses que se traduce en respeto por todos esos colectivos que forman la empresa, el negociante solo posee un sentido individualista de la empresa, su propio beneficio

 

Y podría seguir con múltiples características que identifican a un empresario/a. Desgraciamente en los tiempos que corren, es la propia sociedad la que está potenciando el surgimiento cada vez de forma más frecuente de negociantes, concediendo reconocimientos, e incluso premios a aquellos que solo saben generar dinero, sin preguntarles como obtienen sus resultados y como lo gestionan, se benefician a aquellos que no piden  oportunidades para sus organizaciones, sino privilegios y lo peor, se les conceden.

Al empresario/a hay que empezar a premiarlo socialmente, a reconocerlo como lo que es c un agente de valor estratégico para nuestro bienestar, por lo que creo debemos facilitarle su labor, de manera que se sienta mucho mas cómodo realizando sus actividades, insisto después de todo el bienestar de la sociedad, en gran parte está en sus manos. Y todo ello debemos ponerlo en marcha, después de diferenciar a las personas que vienen a aportar valor a la sociedad con sus iniciativas empresariales, de aquellos que con diferentes máscaras, solo vienen  a obtener valor para sí mismos, a costa de lo que fuere y de quien fuera. No podemos permitir que convivan ambos tipos de personas, ambos tipos de empresas. En todo esto tienen un papel relevante, crucial las escuelas de negocios, asociaciones empresariales, administraciones públicas, los gobiernos, las fundaciones, las universidades, los foros de especialistas, los premios de empresarios del año que se convocan, los criterios definidos para los ranking de mejores empresarios, publicaciones especializadas, y por supuesto cada uno de nosotros que nos dedicamos a ayudar a empresas. En fin, es una labor de todos/as los que somos parte de las empresas. Para lograr la potenciación de ese  modelo de empresario, debemos cambiar las reglas de juego para diferenciar a los empresarios/as del resto de advenedizos. Es por lo escrito que me ha sorprendido de manera importante que la CEOE, por un lado no haya puesto en marcha una campaña de comunicación para desvincularse de la imagen que ahora antiguos representantes están dando, debido a que estos imputados están tan íntimamente asociados con una institución de la relevancia e importancia de la patronal y por  otro lado que no divulgue y realice campañas comunicativas sobre el modelo de empresario que defiende, que promueve, que representa, que quiere para la sociedad. Esto me hace plantearme que quizás es momento  de un reposicionamiento de la asociación hacia los nuevos tiempos, apostando por nuevas prácticas, con una nueva imagen, y con nuevos cometidos y fines para la clase empresarial. Si el tejido empresarial es el futuro del país, el organismo que lo representa tiene que estar a la altura de las nuevas exigencias, indicando el horizonte por el que trabaja, y por el modelo de empresario que representa.

Sr./a empresario/a a sus pies, para mí, no poseen la etiqueta ni pertenecen a su colectivo  personas de dudosa reputación, con oscuras intenciones y menos ética, donde su principal ocupación es amasar fortuna personal al precio que sea, Usted empresario/a, tiene nuestro futuro en sus manos, en sus decisiones, en sus comportamientos, en sus iniciativas , en sus valores, en su forma de generar bienestar, y por lo tanto tendrá todo mi apoyo y admiración. Faltan empresarios y sobran negociantes.

@rafacera

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One thought on “No se confundan, no todos/as son empresarios/as

  1. Estoy de acuerdo en que realmente hay buenos empresarios en tela de juicio de manera inmerecida por culpa de manerasinvergüenzas y oportunistas. No soy tan optimista respecto a la patronal y a las administraciones. Se les llena la boca de frases grandilocuentes de apoyo al empresario vacías de contenido. Las trabas son constantes y la visión a largo plazo nula. Así tienen cabida tantos malos empresarios, muchos al calor de amistades en cargos de la administración

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