La eficiencia no tiene preferencias entre público y privado

Es muy habitual utilizar como argumento, por parte de algunos profesionales, que las empresas de capital privado son más eficientes que las empresas u organizaciones de capital público. Nunca he entendido por qué se da por supuesto que estas últimas tienen un nivel de eficiencia menor, ya que no creo que la razón sea, el carácter público del dinero que maneja. Ahora te explico por qué soy tan cortito para no entenderlo, y mucho menos aceptarlo, como axioma o verdad absoluta esta premisa.

La eficiencia es una competencia que se ha de instaurar en las organizaciones y han de ser las personas que la dirigen, las encargadas de renovar, incluir y controlar que continuamente esta necesidad se encuentre presente en los comportamientos y formas de alcanzar objetivos  en dicha empresa. Para que las organizaciones sean eficientes, es necesario que sus dirigentes, mandos intermedios y operarios lo sean,  para que estos incluyan en su mapa de competencias dicha habilidad, es necesario partir de inculcar una actitud en ellos.

No considerar la eficiencia en las empresas como una forma de optimizar la gestión de la empresa, es minusvalorar sus efectos positivos en la organización, y por supuesto decidirse por dotar de “desequilibrios” importantes a esa gestión. Particularmente la eficiencia la entiendo como la forma de conseguir objetivos con exclusivamente los recursos necesarios, ni más, ni menos. Graves errores muy compartidos en diversas empresas (y sus trabajadores), demasiadas en mi opinión, es pensar que cuando “andamos sobrados” de recursos nos podemos permitir ciertos márgenes de generosidad  en la inversión sin reclamar o descuidando un ROI adecuado a esa inversión y que cuando tenemos dificultades para atender las necesidades de la consecución de objetivos con los medios adecuados y suficientes, queramos pretender alcanzar esos mismos objetivos. Ambas opciones son comportamientos propios de organizaciones y/o directivos ineficientes, independientemente de sus resultados obtenidos. En ambos casos, generan esos “desequilibrios” que comento en la gestión de la empresa y por ende, directamente, en diversos ámbitos de la organización. En ocasiones, esta ineficiencia no se  visualiza, detecta, percibe o se le considera, pues se ocultan tras resultados positivos.

Cuando se “matan moscas a cañonazos” o cuando se espera que un directivo o cualquier otra persona en la empresa “saque una paloma de la chistera” para alcanzar los objetivos sin medios, son muestras desgraciamente de que no se tiene interiorizado el valor eficiencia para la empresa, y como sabes, estamos muy acostumbrados toda la población, pero en concretos aquellos/as que estamos en relación con la gestión de las organizaciones a ver comportamientos de estos tipos. En mi trabajo con personas de empresas directamente implicados en la gestión de la empresa, que son todos, independientemente del departamento en que trabajen y la función/responsabilidad que posean, me gusta conocer su actitud ante la eficiencia, también lo hago con mis alumnos de master, y es una prueba fácil, determinamos unos objetivos a conseguir y les pongo tres escenarios diferentes, uno donde los recursos son ilimitados, otro escenario se caracteriza por que los recursos son claramente insuficientes y otro ellos, determinan los recursos a invertir (para ver le ROI que exigen). Esta simple prueba, a través de un caso práctico o un rol playing en una situación de la empresa, me sirve para ver quién posee interiorizado la eficiencia y quién no. Los resultados son muy   esclarecedores y me puedo encontrar tanto en empresas públicas como en empresas privadas, personas que ante los recursos ilimitados derrochan de forma importante, en escenarios de insuficientes recursos, casi siempre las personas ineficientes, lo que hacen es “chapuzas” para alcanzar los objetivos, “chapuzas” no siempre aceptables bien ética, moral o legalmente. En el caso de otorgar recursos de manera personal como responsable,  en ocasiones el resultado es no dimensionar bien estos recursos, fundamentalmente por que no se ha dimensionado bien los objetivos a conseguir. Por lo que la eficiencia, y es lo que pretendo trasladarle a estos profesionales es una competencia que se posee o no en la gestión, pero que en absoluto  tiene que ver con los tiempos de bonanza o crisis que corran para la organización.

Un error bastante frecuente, que también nos podemos encontrar entre determinados profesionales, suele ser confundir ser eficiente con ser austero. La eficiencia, como la hemos definido, posee como objetivo optimizar y la austeridad, su interés se centra en reducir, por lo que son cosas absolutamente dispares. Es por ello, que en ocasiones vemos con buenos ojos recortar recursos y creemos que estamos haciendo un “guiño” a la eficiencia y eso no siempre es así. Podemos considerar eso cierto, solo en el caso en el que haya una sobredimensionamiento de recursos para los objetivos a conseguir, es decir, seremos eficientes cuando reduzcamos los recursos necesarios para alcanzar los mismos o más altos objetivos, es decir, la premisa será válida cuando se derroche. En absoluto hablamos de eficiencia cuando adjudicamos o dedicamos menos recursos de los necesarios para alcanzar nuestras metas, esto suele tener como consecuencia alcanzar objetivos de nivel más bajo, pérdida de valor o mala imagen de la empresa, es la factura que pasa la ineficiencia. Por todo lo comentado te será fácil que conocer muchos profesionales expertos en recortar (competencia fácil de desarrollar), pero muchos menos expertos en eficiencia, y es que esta característica exige un nivel de capacitación y competencial profesional mayor  y más profundo.

Con todo lo expuesto en cuanto a mi manera de entender la eficiencia, supongo que coincidirás conmigo, en que esta no tiene que ver con la procedencia o propiedad de los recursos que invirtamos. Creo que te dejo patente, igualmente, que defiendo que es más determinante en las empresas formas eficientes de comportamientos que no, obviamente, pero que no debe de ser algo a lo que se recurre cuando ha acabado la “fiesta” de la bonanza económica en la organización. Las empresas públicas o privadas pueden ser tan eficientes como se marquen en sus políticas corporativas, como sean sus trabajadores y el ejemplo continuo, permanente y perseverante  que den estos. La eficiencia es una muestra de competencia profesional que hace a las empresas competitivas y a los profesionales capaces de conseguir el éxito. ¿Existe alguna diferencia entre públicas y privadas para alcanzar esto?. Pues no!.

 

Rafael Cera

@rafacera

¡Que tengas buena semana!

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