Bajada temeraria, síntoma del adiós a la sociedad del bienestar!

No es lo de la subcontratación, externalización o privatización un fenómeno nuevo en nuestra sociedad. Es más, es una solución para muchos problemas que se plantean. Y en la estructura idearia de quien nos gobierna en la actualidad, en otros gobiernos anteriores y muchas empresas, recurren a este modo de contratación para llevar adelante múltiples proyectos. En este ámbito se da la conocida bajada temeraria.

Pues bien, se maneja con demasiada frecuencia el término BAJADA TEMERARIA. Este hace mención a aquellos niveles de precio que fijan las empresas que pretenden conseguir  contratos como subcontrata o como concesionaria de un servicio, llegando a niveles sumamente bajo, de tal  forma que bien para el proyecto o los empleados o la propia empresa, o todo a la vez, puede tratarse  de una temeridad, con nocivos resultados y consecuencias.

No es cuestión de demonizar los procesos de subcontratación en la forma que fuere, pero si se convierte en un problema importante esta, cuando las empresas o las administraciones públicas, utilizan dicha externalización como una forma de desprenderse de responsabilidades sobre el proyecto o servicio que se pretenda delegar. La subcontratación no puede generar más problemas que los problemas que soluciona, pues entonces por definición deja de ser una alternativa de interés.

La bajada temeraria es consecuencia de múltiples y diversas causas, la falta de proyectos a los que acceder por parte de las empresas, los criterios tan débiles utilizados en las condiciones para la adjudicación, el amiguismo, la flexibilidad laboral que existe, pero sobre todo la falta de quien contrata de responsabilidades sobre el subcontratado y sus actuaciones. Si los procesos de subcontratación se abordan con un interés absolutamente económico basado en precio y solamente con este criterio o con un peso determinante para la adjudicación, es normal que asistamos a tantísimas concesiones que acceden a proyectos, en ocasiones con claros síntomas de dumping (ofertar por debajo de costes), pues el objetivo es ganar el proyecto, luego ya veremos.

Por todo ello, lo que echo de menos es mejores procesos de adjudicación que deben realizar  las empresas que ofrecen el proyecto, esta debería ser responsable directa de los actos de las subcontratas desde el momento uno. No es posible, que una vez adjudicado el servicio o proyecto, se desvincule en ocasiones incluso legalmente de la prestación del mismo y se utilicen casi exclusivamente criterios técnicos para valorar la prestación de la empresa adjudicataria. Esto da pie a utilizar pocos criterios en la adjudicación (precio, casi exclusivamente), pero sobre todo, a mirar por el cuanto y descuidar el cómo nos afectara esta delegación de funciones y su trabajo. Y es que para mí la subcontratación habría de seguir los mismo parámetros que se aplica en la delegación de funciones, porque en realidad se trata de eso, delegar una parcela del proyecto a otra empresa o persona, por lo que realizará el trabajo empresas o personas que sepamos de su capacidad para abordar el proyecto, que esta delegación se hará a un precio determinado, y que cuando veamos ofertas en niveles donde la viabilidad económica para la empresa subcontratada se vea en peligro o la calidad de trabajo de los empleados de esta, no toma en consideración dicha oferta. Si, ya sé que si esto lo lee un responsables de compras o encargo de adjudicar proyectos día que no es el mundo real, pues debería de serlo, ya que de no ser asi, esa bajada temeraria, se dará cada vez más en los procesos de subcontratación. Mi propuesta es que para convertir esa quimera en realidad empresarial, no se me antoja otra solución que legislar en ese sentido.

Mantener escenarios donde se favorezcan las bajadas temerarias y estos estarán presentes al menos mientras dure esta crisis económica, supondrá sin duda un aumento de paro, bajada en la calidad de los servicios subcontratados, “prostitución” en los procesos adjudicatarios, procesos de trabajo para empleados de menor calidad y a menor sueldo, y muchas otras, pero lo que aseguro tendrá como consecuencia de que mantener estas condiciones para subcontratar traerá el beneficio para unos pocos y la miseria para unos muchos, en definitiva una sociedad en claro retroceso en múltiples parámetros, por no decir todos,  y de menor nivel de satisfacción para todos.

La bajada temeraria no es un buen negocio, ni un buen síntoma para una sociedad que pretende ser moderna, solvente, que genere bienestar social y competitiva, pues cuando se compite exclusivamente por precio, estamos lanzando el mensaje de una realidad sumamente preocupante, y es que nuestras empresas carecen de la posibilidad de incluir en su oferta un valor para el adjudicador, y por ende, para el proyecto a desarrollar o el servicio a prestar. Por lo que si se acepta esta premisa, habrá de ser el adjudicador el responsable de las consecuencias de considerar ofertas que supongan una bajada temeraria, no solo en cuanto a la calidad técnica desarrollada por la empresa, si no las consecuencias que esos precios supongan en los comportamientos de la empresa adjudicataria, como los despidos en caso de empelados público que se van a las empresas concesionarias (las administraciones públicas habrían de tener un plan B de recolocación de excedentes de personal, para todos los despidos que se van a producir con los contratos que se están ofertando y adjudicando), las empresas habrían de vigilar, bajo responsabilidad de la empresas adjudicadora, que los derechos de los trabajadores no se incumplen en las concesiones, ni en cuanto a sueldo, ni en cuanto a condiciones laborales, que el trabajo se realiza de acuerdo a cánones de calidad previstos, que los recursos utilizados son los adecuados, que los materiales utilizados son los exigidos, etc.

La bajada temeraria es el síntoma de que un tejido empresarial que está enfermo y eso puede suponer no solo la muerte de muchas empresas, sino también el desmoronamiento de una sociedad que pretende el bienestar de sus ciudadanos. Mientras pretendamos competir por precio, puede que las cuentas de resultados puedan reflejar buenos resultados, pero será de manera temporal y con pocos visos de proyección. A los buenos resultados en las cuentas resultados de las empresas y de los servicios públicos, en una sociedad de primer nivel como puede ser la nuestra, solo se debe llegar a través de competir por ventajas competitivas no ubicadas en el precio, para eso ya existen otras sociedades con mejor bagaje y preparación que la nuestra para competir, todos los conocemos, India, China, Marruecos, etc.. Ahora lo que me  planteo es si las reglas de juego que se imponen son las propias de un primer mundo o pretendemos seguir siendo primer mundo con condiciones de países en vías de desarrollo. Por ahora la propagación de la bajada temeraria, nos advierte de que nos intentan llevar a una sociedad de nivel en cuanto a bienestar social, más bajo que el que poseemos. Habrá que decidir que sociedad queremos para todos y aplicar las condiciones que den pie a esa sociedad, y creo que parámetros y soluciones diferentes a las que se están aportando, pues la bajada temeraria es un síntoma claro de retroceso y además que solo beneficia a unos cuantos, pero perjudica a la sociedad en su totalidad.

Rafael Cera

@rafacera

¡Que tengas una buena semana!

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