Un juego llamado bolsa

Es impresionante el poder que poseen las bolsas sobre la economía globalizada y por ende sobre la sociedad. Siempre he considerado que esta disciplina posee demasiadas variables para conseguir dominarla (al fin y al cabo soy un auténtico desconocedor en profundidad de esta materia), la necesidad de predecir,  de interpretar datos aparentemente inconexos o concluir  con teorías que reflejen lo que realmente sucede en el mercado de valores, se me antoja como muy complicado, para como digo, llegar a controlar esta actividad. Lo que también me queda claro es que es el juego preferido de unos cuantos, así como que la bolsa es el destino preferido de muchos  recursos de muy diferentes perfiles de inversores, con la única finalidad de conseguir… más dinero.

Siempre he mantenido que los brókeres o los profesionales que viven de la bolsa (es una actividad que la podríamos reducir a compra y venta de acciones de empresas), han de poseer un perfil personal donde la “gamificación” (el gusto por el juego) posea mucha incidencia en su forma de ser, así como sea una de sus competencias profesionales. Quiero decir con esto que creo que la bolsa engancha tanto a mucha gente, por el componente de juego que posee, donde gana el que más dinero acumule y mejor posicionado en valores esté. Tanto es así que creo que mucho de estos profesionales, llegado ciertos momentos de sus carreras donde el más dinero no supone mucho valor en sus vidas, sacrifican toda su vida a este juego, ¿por dinero?, no por ganar en el juego.

La bolsa es una actividad, que en las mayoría de ocasiones, te permite de forma inmediata ofrecerte datos sobre tú éxito o tú fracaso (el refuerzo es inmediato y esto es muy adictivo), donde la especulación puede hacer creer a tus competidores en escenarios que realmente no están pasando, o puedes tener una información privilegiada o no,  que inclinan tu decisión de comprar a quien y a cuánto. Todos los componentes de un juego de mesa y esto para las personas que les gusta jugar, hace que sea una actividad muy apetitosa, así como poder hacer de su pasión, su trabajo, para perfiles donde el juego suponga un valor en la personalidad provoca el acercamiento de personas de “perfil lúdico” a la bolsa.

Por otro lado es un juego peligroso, pues en ocasiones los propios jugadores pierden el norte de la consecuencias de sus actividades, y de sus compras o ventas, y es ahí donde está el problema, para los brókeres solo se trata de dinero, para el resto de la sociedad ese dinero significa tantas y tantas cosas, que puede suponer el bienestar de un país o zona geográfica o poder acabar con esa misma población. La bolsa tiene el poder de poner y quitar gobiernos, sí, parece una locura, pero es así, ciertos movimientos económicos pueden provocar desequilibrios sociales que pueden dar al traste con un gobierno, o ciertas corrientes inversionistas pueden perpetuar a otros. La bolsa es un juego con consecuencias muy dispares según como se utilice y todo ello a un solo clic de ordenador.

Es por todo ello que creo que los mecanismos que regulan este juego que os comento no son ni suficientes, ni adecuados, ni ajustados, ni previsores, ni en muchos casos aplicados como estaba previsto hacerlo. Sabemos que el mundo está en manos del dinero y que la bolsa es uno de centros de creación de dinero en el mundo más importantes, que no de riqueza, por lo que apostar exclusivamente por el dinero y no por la riqueza como hacen todas las bolsas mundiales, puede convertirse como en darle una pistola cargada sin seguro a un mono loco, con las consecuencias que todo ello puede traer.

La finalidad con la se crearon las bolsas tiene todo el sentido del mundo, es con el paso del tiempo y con esa ambición desmedida de los jugadores, cuando se la ha otorgado un mega poder decisorio sobre la sociedad que no me parece este bien regulado. Y es más, soy de la opinión que la ambición es buena, la que es buena ambición, es decir aquella que tiene como limites las leyes, la ética y el respeto por la comunidad, toda ambición que se salga de ese marco habría de estar muy penalizado,  por el carácter tan dañino que supone para la sociedad. Lamentándolo mucho, en la actualidad tenemos muchos ejemplos de que ese juego, que para algunos es tan solo un juego, donde es el dinero lo único que importa, donde  conseguir más y más dinero es el fin, nos ha provocado una crisis como no habíamos conocido, ha supuesto un montón de cadáveres sociales y reales, para al final estar en el mismo punto que cuando se inició la crisis. Un juego donde el farol, es decir la especulación, es un arte y herramienta necesaria en demasiadas ocasiones para ganar y esto, sin estar convenientemente regulado se me antoja como muy peligros para el bienestar que pretendemos. Es por todo ello que creo en la necesidad/utilidad de las bolsas, de igual manera que habría que ponerle rostro al dinero que se invierte y donde se invierte, sus consecuencias, y por supuesto, un juego donde no existen controles serios, a tiempo, anticipativos, duros y expeditivos para los que intentan hacer trampas, es un juego, donde solo ganaran unos cuantos y estos intentarán perpetuar el juego, a costa de lo que sea, por los beneficios que les supone, dinero, la satisfacción de ganar y por dominar el mundo, pocas reglas adecuadas para tanto premio.

@rafacera

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