¡Cuando en la empresa el delito lo causa la autoestima!

Me ha parecido relevante, por el gran número de casos que se están dando, que comentemos que tienen  en común los directivos y empresarios, que en su momento gozaron de todos los parabienes de la sociedad por sus éxitos en los negocios y  que posteriormente se vieron abocados a la vergüenza pública y el escarnio social, por sus actuaciones empresariales.

Suelen estos que comento, perfiles de personas que gozan de una gran autoestima y seguridad en lo que hacen, creen en sus proyectos empresariales y están absolutamente  convencidos de cómo llevarlo a hasta el éxito. Están convencidos de cuál ha de ser el modelo de negocio a instaurar para ese fin, así como del tipo de empresa y management a imponer. De igual manera en ese perfil que trato de describir, suelen ser personas dotadas de una gran capacidad de relación social, de falso liderazgo (son jefes de fuerte carácter impositivos en muchos casos, aunque dicen lo que quieren escuchar los colaboradores para convencerlos), y sobrada capacidad para negociaciones, búsqueda de alianzas, buscan gran relevancia social, el éxito lo miden en poder y el poder en dinero y son magníficos vendedores  de los proyectos. En definitiva presentan perfiles para los que muchos diréis, son personas dotadas para los negocios y eso es puede ser absolutamente real y cierto. Será cierto si tomamos y definimos los negocios tan solo como el beneficio económico generado en un número determinado de transacciones comerciales, para eso son magníficos personajes.

Lo que debemos considerar es si esos perfiles profesionales de los que hablamos son igualmente válidos para ser buenos empresarios, es decir, sin son las personas que deben capitanear la puesta en marcha de una empresa que pretende crecer de forma eficiente, sostenible, si son el perfil que intentará ser un ente generador y adecuado distribuidor de “riquezas”, si podrán ser estas personas las que a través de la empresa aportarán más de lo que quieren para sí mismo (no me refiero solo a dinero), sino también en forma de empleo de calidad, productos que satisfagan a los clientes en sus necesidades, capaces de generar una rentabilidad económica y social para los accionistas adecuada, si la empresa que lideran mejorará el bienestar de la comunidad de la que “come”. Para todo esto, que a mi entender ha de ser la funcionalidad y misión de cualquier empresa competitiva, ya poseo más dudas de que efectivamente estos perfiles sean capaces de lograr y a las pruebas me remito según las informaciones que tenemos. Son muchos los casos de ocasos empresariales que conocemos protagonizados por este tipo de empresarios y directivos que terminan visitando la cárcel en algunos casos, estos fracasos empresariales a veces mediáticos y públicos, aunque los que vivimos en este hábitat profesional de la empresa, somos conscientes de que existen muchos más casos de estos protagonizados por tipos muy parecidos de actores en cuanto a perfil, no son solo los sonados fracasos y fraudes empresariales que los medios nos presentan, es frecuente encontrarnos muchos más de corte muy parecido, a lo mejor no de tanta relevancia, pero sí de formato idéntico y de personajes de cualidades y competencias profesionales comunes a esos mediáticos. Estos casos se me antojan quizás demasiados frecuentes para un tejido empresarial que pretende ser competitivo.

Cuando estos “empresarios” reflejan o muestran públicamente su “particular éxito” en sus cuentas de resultados y balances financieros (estos como sabéis no son siempre fieles a la realidad que viven la empresa como todos sabemos), todo son adulaciones, alianzas importantes, reuniones de alto standing y ayudas desde todos los agentes económicos del país, premios, presencia mediática, coger el teléfono y que se te ponga cualquiera, son puesto como ejemplo para el resto de la población, los políticos se “mueren” por hacerse la foto con ellos/as pues representan  el éxito, todos los envidian,  y esto es la situación ideal para alguien que aspira a todo ello, reconocimiento social, mostrar que se ha alcanzado el éxito, lo que para él/ella es el éxito claro está, todo ello supone una retroalimentación para la alta autoestima de estas personas, que crece al ritmo que marca sus colaboradores, no al logro profesional que van alcanzando. “Los palmeros” hacen mucho daño a la ya enorme autoestima de este tipo de personas, pero al fin y al cabo viven de ello, de aplaudir lo que haga el jefe/a, bien o mal, eso es lo de menos.

Sin embargo, es cuando las cosas empiezan a ir mal, cuando se pone en tela de juicio si el negocio tiene el soporte de una empresa adecuada para sus objetivos, si la  gestión desarrollada genera un valor para el negocio, es cuando las cifras empiezan a dar síntomas de una enfermedad en muchos caso incurable, es entonces, cuando hay que tomar decisiones. En muchos de estos casos, en los que todos conocemos por públicos, los comportamientos por parte de estos “idolatrados empresarios”, han actuado de igual forma, y de acuerdo con su perfil de hombres/mujeres de negocios, primero garantizar cierta cantidad de dinero en lugares opacos fiscalmente, si el síntoma es el problema, se “maquilla” este, se manipulan las cuentas, se va pidiendo ayuda económica mientras su imagen no está dañada a cualquier tipo de inversor, familia, trabajadores, socios, entes públicos, etc.,, involucran a cualquiera que tenga dinero para poder mostrar una imagen solvente de la empresa, se hacen campañas de comarketing con otras marcas que apoyen de cara al mercado la moribunda empresa, aunque la empresa ya no permita casi ninguna licencia pues suele ser común también que estos directivos/empresarios suelen llegar tarde a la solución de los problemas de la organización, ya que esto supone reconocer que han fracasado, y todo ello hasta que llega en algunos caso lo inevitable, la justicia y el fin!.

¿Por qué son tan parecidos los comportamientos de muchos de estos “profesionales”?, mi opinión es que la autoestima (en ocasiones megalomanía, por cierto) no les permite reconocer que han fracasado, o al menos esta no les deja asumirlo a tiempo, no pueden aceptar que no son tan infalibles como se creen o como le han hecho ver los “colaboradores palmeros”, con lo que esa autoestima, que en índices adecuados es muy buena para cualquier persona, muta hacia la soberbia por no aceptar la situación y esta se traduce en intentar hacer ver que la situación no es la que es, y se hace lo que sea por preservar su imagen como empresario y persona de éxito, ¿el límite?, ninguno, de manera que la forma de hacerlo casi siempre suele desembocar en el delito, bien fiscal, bien dejar de pagar, mover patrimonio, sociedades pantallas cómplices, ceder la empresa a otros, blanqueo de dinero, falsear las cuentas, comprar falso informes, y miles de artimañas legales e ilegales que serían imposible de nombrar todas ellas en este post.

No asumir el fracaso les lleva a estas personas, no en todos los casos, a reflexionar  unas largas vacaciones pagadas por todos. Pero también pienso que este tipo de delitos en nuestra sociedad aún no están lo repudiado que deberían estarlo, por el mal que generan a muy diferentes niveles, y no tienen el suficiente rechazo ni a nivel social, ni a nivel de código penal, y la muestra es que de forma habitual y tras hablar con algunos de estos personajes me comentan, ”viendo lo que me ha costado en tiempo y dinero y lo que me ha quedado , merece la pena, son gajes del oficio”, de manera que alguno/a reinciden con total tranquilidad en los mismo delitos, pues no lo ven como tal, sino como la mala consecuencia de un juego que todos aceptamos y donde las reglas son lo de menos, es más importante el resultado.

Envié un tuit no hace muchas fechas donde comentaba que España necesita menos hombres/mujeres de negocios y más empresarios, por el número de retuits que consiguió ese mensaje, creo que muchos/as estáis de acuerdo, aunque también tengo la sensación que desde donde se decide el camino que debemos seguir, no hay mucha intención de conseguir disminuir las personas de negocios para fomentar empresarios competitivos. La autoestima de este perfil de empresarios/as, directivos/as de los que hemos hablado, tras el fracaso en sus negocios o como forma de éxito, seguirá mutando en soberbia y esta les llevará a más delitos, pero dará igual, pues saltarse las normas sale más rentable con lo que se gana  que la pena impuesta en muchos casos por eludir esas reglas, y si además no está garantizado que quien “meta la pata”, lo pague, es decir, que serán solo unos pocos los que tendrán que responder ante la justicia ante el delito, pues se habilita y potencia el gusto por el riesgo entre estos personajes…, pero qué más da, todo va genial.

@rafacera

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