Atención! excesiva concentración en sectores estratégicos

En nuestro país, hemos pasado de no hace “demasiado” tiempo a tener a los sectores estratégicos para nuestra sociedad como la energía, las telecomunicaciones, la banca, etc., nacionalizados y controlados por el estado, a tras un proceso de privatización, conseguir que todas las empresas de esos mismos sectores pasaran a manos privadas. ¿Cómo podemos valorar ese tránsito de lo público a lo privado?, y ¿cómo afecta la concentración que se está produciendo en esos mismo sectores?.

Si seguís regularmente mi post, sabréis que ya escribí hace algún tiempo sobre el tema de gestionar desde lo público o desde lo privado y vertí mi opinión sobre estos temas. Pero en este espacio, me gustaría reflexionar sobre el fenómeno que se está dando en los mercados en general, pero de manera muy acuciante en España, y  no es otro que alto de grado concentración que percibimos en los sectores que denominamos estratégicos. Así sectores como la energía, las comunicaciones, la banca, la propia sanidad, en España pertenecen o al menos el gran volumen de actividad lo controlan, menos empresas. Veíamos que no hace mucho tiempo, aparecía la noticia de que el 80% del mercado financiero español estaba gestionado, controlado por 6 entidades nacionales, y si miramos los ratios de participación, nos daremos cuenta de que este efecto, pocas empresas que abarcaran mucha actividad en sectores prioritarios o claves para la sociedad, representan mucha actividad en muy pocas organizaciones que son las que deciden sobre dichos sectores. ¿Qué consecuencias puede tener este alto nivel de concentración?,  pues veamos:

  • Se están consolidando lobbies de poder que trasciende de los ámbitos legislativos y que moldean/condicionan en ocasiones a estos
  • Los ciudadanos no se están viendo afectados positivamente por esta circunstancias ya que se está estructurando el mercado con un funcionamiento oligopólico (aunque competencia advierta estas circunstancias y de vez en cuando ponga alguna mínima sanción a algunas empresas por comportamientos “impropios”), con todo lo que ello conlleva, cliente cautivo, manejado por los interés de unos pocos y en función a los comportamientos de estas empresas, se han de adaptar los clientes. Los clientes no compran lo que quieren, compran lo que le imponen y en las condiciones que quiere el oferente, sin posibilidad de elección
  • Los clientes no se ven beneficiado de la libre competencia en cuanto a productos, precios, valor añadido, etc.
  • Desde el punto de vista de negociación es mucho mas fácil para el estado negociar con pocas empresas que con un sector atomizado y poco organizado
  • El poder de presión para la legislación es enorme
  • Se diluye la capacidad de control sobre estos sectores por la relevancia que poseen
  • Se impone en ocasiones el criterio rentabilidad económica sobre el criterio rentabilidad social y eso en algunos casos puede ser dramático y causa de desigualdades sociales
  • Como causa de esto se pueden dar situaciones incompresibles o poco recomendables socialmente hablando, si tenemos presente de la gran oportunidad de negocio que generamos como sociedad para estas empresas y lo comparamos con el retorno social que para esta tiene sus decisiones, es decir, creo que esta insuficientemente legislado los niveles de Responsabilidad Social que estas empresas, en sectores tan determinantes debieran tener, se debería imponer la obligación de un retorno social determinado en forma de empleo de calidad, estas empresas deberían apuntalar ayudas en muchos casos allí donde no pueda llegar el estado, en cuestiones de carácter necesario en la sociedad
  • Las lógicas barreras de entrada que generan esto “oligopolios” provocan una disminución en oportunidades de negocios para otras empresas
  • Por su capacidad de subcontratación, por poder de negociación con otros y por la gran dependencia de empresas subordinadas, colaboradoras o dependientes de ellas, manejan un volumen de economía que en manos inadecuadas o con criterios inapropiados, pueden generar muchos problemas sociales
  • Su capacidad de decisión en ámbitos que están fuera de lo meramente empresarial, aumenta de forma considerable matizando decisiones que son responsabilidad de otros estamentos
  • Son parte muy importante de nuestra economía con los privilegios y deberes que ello supone
  • El nivel de concentración además posee un nuevo condicionante que agudiza aún mucho más todas las consecuencias que os describo, y es que si vemos la realidad de quién maneja la practica totalidad de los sectores estratégicos, son muchos menos de los que pensamos, solo consultar que empresas son las que conforman el grupo de grandes empresas por la competitividad

En definitiva si fuésemos tirando del hilo de estas circunstancias, seguro que podríamos concluir con muchas más incidencias que puede provocar este alto grado de concentración en sectores estratégicos y sus repercusiones para nuestro país. No voy a contradecirme con lo escrito en otros post, e insisto en que para mí la pregunta no es si lo “mejor” para la sociedad es una gestión pública o privada. Sin embargo si me he de significar en el sentido de qué forma se ha de trabajar con lo público y lo privado (sin diferencias), y es que por el carácter estratégico de la actividad que realizan estas empresas para la ciudadanía, el estado tiene como obligación controlar con minuciosidad que rumbo toma la gestión de estas empresa y por supuesto realizar una labor continua y profunda desde la planificación estratégica de estos sectores, la legislación y el controlar que los beneficios de estas empresas supongan el nivel correspondiente de bienestar social. Como sabemos en la cadena de valor de una empresa cuando esta no controla y/o gestiona adecuadamente aquello que la puede “matar” o “esclavizar”, lo fácil es que tenga malas consecuencias para la empresa, pues creo que podríamos llevar el símil a un país, pues en el caso que actividades estratégicas mal conducidas o mal desarrolladas pueden acabar con la sociedad.

Es por ello que creo que tras ese proceso de privatización que se inició hace algunos años poniendo en manos de capital privado (no digo que fuera lo adecuado o no, otra cuestión es cómo se llevó a cabo dicho proceso de privatización, eso nos llevaría a una larga reflexión) actividades de esenciales de interés para todos los ciudadanos, no puede “dejarse en manos” que no sean el estado. Por favor no intérpretes mal mis palabras, insisto que es lo de menos quién gestione estos servicios básico para la sociedad y ni dejo, ni mucho menos sugerido que se ha de nacionalizarlos, solo digo que el estado tiene que poseer un alto grado de control sobre estas actividades, asegurarse que todo lo que se hace en esos sectores, además de beneficios tienen que generar un bienestar para el ciudadano, para todos los ciudadanos.

El futuro y práctica de la telecomunicaciones, la energía, la comunicación o la banca no lo pueden determinar solo intereses privados con criterios solo economicistas, es el estado el que debe garantizar a la ciudadanía que obtendrá un beneficio social de estas actividades, y que de ahí surjan los beneficios económicos para las empresas según su capacidad de gestión. Parece paradójico que en un sector como el futbol que aún no se considera de carácter estratégico (formalmente, aunque sí extraoficialmente), un mismo inversor no puede tener más de una determinada participación en clubes, por ejemplo no puede comprar dos clubes y para estos sectores que comentamos de tanta trascendencia social, la ley diga una cosa y la práctica demuestre otra. Privatizar un servicio público no es sinónimo de desatender el recorrido que sigue dicho servicio desde la administración, o que el estado pierda toda responsabilidad sobre el “control de buenas prácticas sociales” de las empresas que los prestan, por lo que el estado ha de establecer sistemas, procedimientos, mecanismos y legislación para que el servicio público, indiferentemente de quién lo preste, no pueda perjudicar a la sociedad o hacer a esta “esclava” de intereses particulares.

Creo que el grado de concentración que se están dando en estos sectores no es beneficioso para el ciudadano, ni para la sociedad española, e incluso ni para la economía nacional. Se confunde en ocasiones tener “músculo empresarial” con competitividad, es decir que la empresas adquieran a otras y se hagan más grandes, más influyentes, mas contundentes en los mercados, es garante de competitividad empresarial y eso no es así. Dejar en manos de unos pocos parte de la economía estratégica de un país, es asumir un riesgo elevado, que se traducirá en malos resultados sociales si no hay un control adecuado a sus actividades. Se tiene que hacer compatible generar organizaciones con “músculo”, con que esto no suponga una subordinación malsana de la sociedad, a estas empresas. De no ser así, la sociedad española se puede olvidar de cualquier reto de competitividad en los mercados, y créeme esta es mucho más importante para la economía de un país, que “el musculo” empresarial.

@rafacera

 

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