Cuando no hay voluntad de ser, hay que legislar para que se sea

Si llevas unos cuantos de años entrando en las “sala de máquinas” de empresas y trabajas con empresarios y directivos de estas en la mejora de su competitividad, puedes vivir y ver muchas cosas. Haces diagnóstico de en qué momento se encuentra esa organización, que rumbo lleva y como se capitanea ese recorrido. Todo ello para intentar que esa empresa genere riqueza, para que esa empresa sea capaz de conquistar mercados, pero con el límite de que no todo vale en esa misión.

Afortunadamente en los últimos años (10-15) años) se ha notado un incremento de la calidad de cultura empresas de las organizaciones españolas. Desgraciamente cuando azota una crisis importante, la cultura se siente resentida y aparecen comportamientos, actitudes y decisiones que pueden tener un efecto beneficioso en costes pero desde luego no en competitividad.

Siempre he pensado que los profesionales que nos dedicamos a enseñar a otros ha trabajar en sus empresas, los transmisores de conocimiento para esta misión, los que  nos preocupa conocer en profundidad que están haciendo las empresas verdaderamente competitivas para poder contagiar ese éxito a otras, aquellos que escribimos en medios con la intención de aportar nuestro bagaje, tenemos una enorme responsabilidad a la hora de aportar nuestras opiniones, no por el nivel de aceptación que tenga, que también, sino por el modelo de empresa que defendamos. Es obvio que cada profesional tiene su propio modelo, y entiende que el suyo es el que más oportunidades ofrece para tener de éxito, sin embargo, es frecuente ver como cuando aparece momentos de dificultad, como esos mismos modelo se recomponen hacia actitudes menos competitivas, hacia horizontes más cortoplacista, pero sobre todo donde la ética deja de tener tanto peso en las decisiones.

Las reglas, al igual que las leyes están para cumplirlas. Por ende, si no nos gustan o no se adaptan a nuestras necesidades, se deben cambiar para todos, pero no incumplirlas. Tenemos casos de muchos empresarios de los que se han hecho públicos sus éxitos e incluso se ha llegado a poner como ejemplo a seguir,  cuando en realidad con el tiempo (lo único que huye de las modas y tendencias y que pone a cada cual en su sitito) veíamos que su  éxito fue resultado de saltarse las reglas, las leyes, de olvidarse de la ética. Por desgracia este hecho es más frecuente de lo que podemos pensarnos, tanto es así que existe una especie de pensamiento, prejuicio social aceptado, que admite o mantiene la duda de que cuando una empresa gana mucho dinero (reflejo de éxito socialmente aceptado), sabe dios lo que habrá tenido que hacer esa empresa o ese profesional para conseguirlo y por supuesto se piensa que nada bueno desde luego o al menos que esquivó ciertos valores éticos. Yo me resisto a identificar o hacer sinónimo ganar dinero con éxito en una empresa (lo he mantenido en otros post que puedes leer), pero también me niego de antemano a  suponer que las empresas que parecen que van bien, necesariamente le sobrevuele la duda de que algo poco ético o ilegal estarán haciendo, esto siempre lo niego hasta que se demuestre lo contrario.

Una empresa cuando inicia su actividad, entra en el juego de la competitividad y la primera premisa de este es aceptar sus reglas y cumplirlas, si no estaremos hablando de otra cosa, no de empresas, sino de negociantes, especuladores, advenedizos, farsantes o de impostores que fingen comportamientos empresariales y estos no son de los que deseo hablar y no son ni mucho menos el público objetivo de este blog.

Para mí, sin duda, un valor que me parece absolutamente importante en una empresa y que siempre reviso para ver si se aplica o no en sus resultados y comportamientos es la ética. Este es un valor que destaca en aquellas organizaciones que consiguen ser muy competitivas no solo en resultados sino también en aceptación social, laboral, en su comunidad. En este tipo de organizaciones, la ética está presente en todos sus movimientos y estas son las empresas que me interesa conocer, la que estudio, de las que aprendo y de las que os hablo. Estas compañías me interesan por:

  • En primer lugar porque la situación, ser muy competitivos con un alto valor ético implica que posee un alto nivel de capacidad, talento orientado, son muy buenos, eficaces y eficientes en lo que hacen y su trabajo transfiere valor a la sociedad, a los trabajadores, a la comunidad y a sus propios clientes. Hacen a más gente felices sin dejar “cadáveres”
  • En segundo lugar, creo que por la relación que tiene la ética con las normas, son organizaciones que no cogen atajos para conseguir sus objetivos, sino que respetando el juego y sus reglas logran ganar, ser más atractivos sus ofertas de valor que la del resto de competidores, este es el verdadero éxito empresarial.
  • Y en tercer lugar una compañía que acepta como valor innegociable la ética en sus negocios, es alguien en quien se puede confiar y eso el mercado lo nota y se convierte en un aspecto de valor para todo lo que proponga. Esta confianza, sin duda se ve reflejada en su cuenta de resultados, por lo que apostar por la ética en los negocios provoca una potente generación de confianza de cara al mercado. Esto es de lo que adolecen muchas empresas, incluso algunas que ganan mucho dinero. Sus dudas en la utilización de la ética o su falta de ética, consiguen la negación del cliente a confiar en ellas y se refleja este hecho en ver cómo valoran su reputación e imagen de marca, los clientes, sus resultados en estas KPI son ciertamente decepcionantes, siendo esto síntoma de poca solidez comercial, son débiles comercialmente y ante cualquier circunstancia inesperada en el mercado lo primero que aparece son los malos resultados e incluso la desaparición. Es por ello que creo sin duda, que la ética es la ventaja competitiva más solvente, estable, sostenible y determinante que puede incorporar una organización a su brand essence. Con la ética como valor, las empresas pueden conseguir buenos (mejores) resultados, aunque alguno mantenga que esta es cara, yo pienso que más caro sale sanciones, mala reputación, mala imagen de marca, trabajadores descontentos, claro si lo que pretendemos es ser empresas serias y responsables. En la empresa la ética es rentable si se incorpora como valor, si lo reflejan en sus actos y la hacen visible a sus clientes y a la comunidad.

Es por lo que entiendo que la ética, que en época de crisis tiene menos adeptos, se debe potenciar, hasta tal punto que entiendo que cuando de esa ética no se hace uso en las organizaciones por su condición de voluntaria, se debería legislar para que formara parte de las reglas a cumplir inexorablemente en nuestras actividades empresariales. Esto sería un gran paso en nuestro deseo por mejorar la competitividad de nuestras empresas, pues provocaría la necesidad de incrementar nuestras capacidades gerenciales para conseguir los objetivos y provocaría un efecto en cascada por mejorar en nuestras habilidades y competencias en pos del éxito, mejoraría la imagen del empresariado y se reducirían los conflictos laborales. En definitiva creo que se debe obligar a ser éticos, no se debe dejar a criterio de nadie utilizar la ética o no. La ética en los negocios u empresas no se debería dejar a voluntad o gusto de los responsables, debería ser un valor legislado para que se cumpliese sin excepción.

@rafacera

 

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