Café para todos los “emprendedores”. Nos equivocamos…

¿Por qué nuestro tejido de emprendimiento no es tan competitivo como en otros países? Esa es una pregunta que de forma continua nos hacemos desde instancias empresariales, administraciones públicas, asociaciones empresariales, etc. No es menos cierto que el número de emprendedores aumenta, pero sin embargo todavía el ratio de mortalidad de nuevas empresas es muy alto. ¿Qué no se está haciendo bien?
En mi opinión son muchas las causas de tener un volumen importante de personas que inician actividades empresariales y que no tienen buenos resultados. Creo que unas de las causas que determinan estos hechos es confundir desde ayudas al emprendimiento de administraciones públicas, programas de generación de creación de empresas, proyectos de ayuda a emprendedores, etc. a personas que inician esas actividades empresariales con emprendedores, nada más lejos de la realidad. Se legisla y se toman decisiones para esas dos colectivos de forma indiferente, sin hacer distinción entre ellas, sin hacer propuesta diferentes para los que tan solo quieren empezar una aventura empresarial por razones ajenas al emprendimiento y para personalidades emprendedoras. Ambas tipologías de personas poseen necesidades diferentes, aunque realicen la misma actividad.
Para mí, a la hora de trabajar con emprendedores y sus proyectos, me parece determinante para el futuro de estos, el cómo llegan a la conclusión de que quieren crear una empresas o empezar una actividad empresarial. Toda persona que no llegue al emprendimiento desde el convencimiento de que quieren, que desean que ese sea su futuro, suelen provocar empresas de corta vida, bien por fracaso del propio proyecto en sí o por que cambian las circunstancias profesionales o personales de la persona y emigran hacia otros escenarios más “cómodos” para su personalidad, por lo tanto, he aprendido que muchos de aquellos/as que lo ven como una salida a su dificultosa situación laboral, el emprendimiento, no suelen tener largas carreras como empresarios, es mas muchos de ellos/as quedan atrapado en la aventura empresarial y con mal sabor de boca para el resto de sus días, ante el posible fracaso y todo lo que conlleva.
Un/a emprendedor/a es una forma de ser, es una personalidad, es un perfil que aglutina múltiples competencias, actitudes, aptitudes, intereses, etc., que son fácilmente diferenciables del resto de perfiles. Y ese tipo de personalidad, el emprendedor, no se puede asignar a todas las personas que intentan crear una empresa.
Es obvio que cualquiera debe tener derecho a empezar una actividad empresarial, faltaría más, pero no es lo mismo que lo intente un emprendedor, que alguien que lo único que busca una solución a un problema laboral, personal, que nada tiene que ver con el emprendimiento, con el deseo de crear. Y nuestro problema es que atendemos a todos estos perfiles como iguales, a nivel legislativo, laboral, asesoramiento, etc. cuando son colectivos diferentes, que se dedican a lo mismo, pero que no es igual en su nivel y características de sus necesidades para llevar adelante el proyecto. Mientras que el emprendedor busca soluciones de forma continua, quienes no lo son se suelen anclar en los problemas, mientras que los emprendedores juegan con el riesgo y lo toman como algo natural, el resto huyen de este, tratan de evitarlo, esto es algo que vivo en mi trabajo de forma habitual, mientras que el emprendedor se interesa por cuestiones muy relacionadas con que oportunidades hay, la persona que no es emprendedora se centra mucho en la gestión interna de empresa de forma predominante, como si pensase que esto es lo que dará de vivir, mientras el emprendedor ve la empresa como un proyecto de vida, quien no lo es, lo ve solo como una forma de ganarse la vida.
No equivocamos cuando a toda persona que inicia una actividad empresarial, le llamamos emprendedores, pues como os digo son figuras, personalidades diferentes, con competencias diferentes. En la actualidad los perfiles emprendedores están dando “el salto” desde la creación de la empresa a escenarios organizacionales diferentes, donde las empresas de selección de personal, head-hunters, etc., están empezando a buscar cada vez con más insistencia para empresas tradicionales, perfiles emprendedores, es decir la figura de emprendedor esta saliendo de su entorno habitual, la creación de empresas y esta empezando a ser importante en empresas constituidas, como un perfil que genera competitividad para esta, por muchas razones. Se están buscando esto perfiles para incorpóralos a las empresas tradicionales, otra cosa es que después estos perfiles emprendedores, encuentren su hábitat adecuado para rendir todo lo que se espera de ellos/as en la organización.
Por tanto ofrecer lo mismo, a perfiles diferentes, ya sabemos los resultados que se obtiene. El emprendedor es una figura que fundamentalmente se caracteriza por que se centra en las oportunidades que visualiza, y a partir de estas, busca medios y recursos para explotarla, el resto de personas se centran en los recursos con los que cuentan y que pueden hacer con ellos. Son dos tipos de profesionales diferentes, con ambiciones diferentes, con perspectivas diferentes, con metas muy diferentes. Para un emprendedor jamás será un problema no ser dentista para visualizar la necesidad de una clínica dental y poner en marcha el proyecto, mientras que quien se centra en lo que sabe hacer o en lo que tiene experiencia, puede ser un emprendedor pero si su emprendimiento lo limita a su saber hacer exclusivamente, no podemos decir que estamos ante un emprendedor, estamos ante un profesional que busca ganarse la vida con lo que sabe hacer.
Por ultimo comentar que poseer un perfil de emprendedor no es garantía absoluta de éxito, ni mucho menos, pero esa no es la hipótesis que ahora os quiero trasladar, lo que me gustaría trasmitiros es la importancia de diferenciar a la hora de crear empresas e iniciativas empresariales, a la hora de atender a colectivos tan diferentes como emprendedores y autoempleadores de igual manera, no lo podemos hacer ni legislativamente, ni con los mismo recursos, ni tan siquiera con el mismo lenguaje. Debemos atenderlos como colectivos diferentes, que hacen cosas parecidas para conseguir objetivos diferentes. Hasta que esto no cale, emplearemos gran cantidad de recursos sin ningún tipo de contraprestación adecuada, estaremos invirtiendo de forma errónea en personas que nos parecen el mismo colectivo y que no lo son. Optimizar la relación con estos colectivos provocaría interesantes resultados.
@rafacera

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